Peña Abuela
Este
yacimiento se descubrió en septiembre de 1994, en el extremo
de una finca de labor localizada al pie de las estribaciones
más septentrionales de Sierra Ministra, en la margen derecha
del valle del arroyo de La Mentirosa (subsidiario por la izquierda
del río Jalón), de cuyo cauce dista unos 650 m.

Su excavación sirvió para definir un nuevo tipo de sepulcro colectivo
neolítico en el valle, las denominadas “tumbas calero”.
Se trata de una tumba monumental cuya estructura y características principales
fueron concebidas para ser clausuradas ritualmente mediante el fuego y su perdurar
posteriormente en el paisaje a través de su monumentalización.
La labores agrícolas habían destruido el túmulo en su práctica
totalidad, dejando al descubierto los niveles inferiores que también se
vieron afectados por estas actividades. Bajo el túmulo se descubrió un
gran manto calcáreo (en la zona central de mayor grosor alcanzaba los
25-30 cm.), rodeado por restos carbonizados de una veintena de postes de madera,
que en el ritual de clausura, formarían parte de un parapeto que habría
cumplido las funciones de chimenea. Bajo este manto yacía una capa fina
de cenizas bajo la cual se encontraba un nivel de enterramientos que contenía
los restos de 11 adultos y dos niños, acompañados de ofrendas colectivas
como industria lítica (láminas, microlitos, hachas pulimentadas,
etc) y espátulas rituales de hueso.

A partir del estudio del registro arqueológico recuperado y de las hipótesis
que se plantearon sobre su formación, creemos que la tumba era como una
cabaña de piedras calizas con cubierta de falsa cúpula por aproximación
de hiladas concéntricas. Este recinto se utilizó, durante varias
generaciones, como panteón colectivo de una comunidad que habitaba el
valle a comienzos del IV milenio A.C. En él se pueden apreciar dos áreas
diferenciadas: la primera, denominada área noble, donde el ajuar es más
abundante y de mayor calidad y los enterramientos aparecen claramente segregados
del resto del osario mediante la utilización de estructuras individualizadoras
como cistas de piedra. La segunda está formada por el resto de los enterramientos
que no presentaban tratamiento diferencial alguno.
En un determinado momento de la vida del panteón, y de acuerdo con un
plan preestablecido, las gentes del pasado decidieron clausurarlo con un incendio
ritual. El fuego debió durar varios días, y tuvo que ser muy intenso
ya que logró que la estructura de piedras calizas se convirtiera en cal.
La producción de este magma calcáreo afectó de manera decisiva
a los restos que albergaba, pero, al mismo tiempo, hizo que se conservaran evidencias
excepcionales como algunas improntas vegetales en las esteras o sudarios que
cubrían los cuerpos, o como restos de varias especies de fauna necrófaga,
evidencias vegetales utilizadas, tal vez, en los rituales de enterramiento, etc.
Una vez quemada la tumba, se construyó sobre ella un túmulo de
piedras que fue rematado con una estela-menhir. De esta manera se integró el
monumento en el paisaje, y pudo servir como marcador de propiedad de las tierras
circundantes del valle, sobre el cual ejerce un amplio dominio visual.
Sin embargo, pese a esta clausura, de vocación definitiva, la tumba fue
reutilizada en época campaniforme, para lo cual la coraza tumular se vio
perforada para depositar la única inhumación sin quemar de todo
el túmulo, que se asocia con el conjunto de materiales campaniformes recuperados
en el nivel superficial del sepulcro.
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