El
Abrigo de Carlos Álvarez/La
Dehesa, Miño de Medina
Este yacimiento arqueológico se localiza en la dehesa de Miño
de Medinaceli, a 1180 m de altura sobre el nivel del mar, en las
estribaciones más septentrionales de la Sierra Ministra, entre
el río Bordecorex y el arroyo Madre, distando de sus cauces
940 y 750 m respectivamente, en un entorno de monte bajo de roble
melojo y matorral, en el que destacan elevaciones de areniscas, de
formas caprichosas creadas por la erosión.

Se trata de un lugar excepcional que cuenta con unas interesantes
pinturas rupestres esquemáticas, descubiertas por D. Carlos Álvarez,
que fue director del Archivo Histórico Provincial, ya por
desgracia desaparecido. Fue, sin embargo, el Dr. Gómez Barrera
quien certificó la autenticidad de las mismas, y posibilitó,
por tanto, la investigación del yacimiento.
En él se han documentado niveles y estructuras arqueológicas,
objeto de dos campañas de excavación (2002, 2003),
que son el fruto de la actividad de los seres humanos que habitaron
el entorno desde la Prehistoria hasta la actualidad.
Las pinturas rupestres se realizaron con un pigmento de color granate,
y presentan unas características formales muy singulares dentro
del fenómeno cultural de la Pintura Esquemática peninsular,
muy probablemente debido a su antigua cronología. Tal antigüedad
parece deducirse del excepcional e interesantísimo hallazgo
de un fragmento de pigmento de idéntica composición
al utilizado para realizar estas pinturas en el nivel prehistórico
correspondiente al Neolítico Antiguo, localizado en las excavaciones
arqueológicas desarrolladas en el abrigo durante la campaña
de 2002.
El yacimiento cuenta con una interesante secuencia estratigráfica,
que se compone de, al menos, tres fases bien diferenciadas:

1. Fase moderna: A ella corresponden los gruesos muros que cierran
el abrigo, y que habrían formado parte de una majada de pastor,
que reutilizó para ello bloques pétreos pertenecientes
a un muro romano situado en el interior del abrigo, que desmanteló en
su práctica totalidad.
2. Fase romana: A ella pertenecen el muro antes aludido, del que
prácticamente sólo se conserva la última hilada,
un canalillo que recorre todo el perímetro interno del abrigo,
así como un nivel arqueológico donde se documentaron
diversos materiales de interés, entre los que destacan diversos
fragmentos cerámicos de Terra Sigillata Hispánica,
y una moneda hispanorromana del jinete celtibérico perteneciente
a la ceca de Ekualakós.
3. Fase prehistórica: A ella pertenece un potente nivel arqueológico,
que se desarrolla bajo el romano, hasta entrar en contacto con la
roca base del lugar. En él se documenta una compleja estratigrafía
donde se pueden distinguir distintas fases:
Edad del Bronce
Calcolítico Campaniforme
Neolítico Antiguo
Durante la última campaña de excavación, desarrollada
en el verano de 2003, se ha podido estudiar con detalle la ocupación
documentada en el exterior del Abrigo, con las mismas fases ya conocidas
en el interior.