EL VALLE Y EL HOMBRE EN EL TIEMPO
Hace unos 300.000 años, cuando el Homo Sapiens no era más
que un proyecto, grupos de homínidos primitivos eligieron
estas tierras como vía de acceso al interior peninsular.

La vida del hombre en esta época difería muy poco
de la de los animales que cazaba, articulándose en grupos
carroñeros, se mimetizaba con el paisaje, por tanto el valle
permanecía salvaje, sin más límites que la
disponibilidad de recursos subsistenciales. Y así debió
de permanecer durante milenios.
Pero la situación varió hace unos 7.000 años
con el fin de los tiempos glaciares, que se concretó con
el advenimiento de un clima y paisaje muy parecidos a los actuales.
Las primeras poblaciones neolíticas eran comunidades campesinas,
que desde el valle del Ebro, introdujeron a través del valle
de Ambrona, la agricultura y la ganadería al interior peninsular.
Comienza así una auténtica humanización del
paisaje que se manifiesta en la delimitación simbólica
de territorios a través de tumbas monumentales.
A partir de este momento se inicia un crecimiento considerable de
la población; surgen más de una treintena de asentamientos
defensivos que a lo largo del tiempo (Cobre, Bronce y Hierro) sufrirán
un proceso de concentración. El final de este periodo coincide
con la ocupación romana.
Los cronistas romanos mencionan pequeñas comunidades de origen
celta (tribus de Tittos y Belos) dedicadas fundamentalmente a la
cría de ganado aunque no desdeñaban el cultivo de
cereales. La completa romanización comportó el abandono
de los anteriores enclaves, y el asentamiento en zonas llanas próximas
a tierras fértiles.
Gracias a la amplia red de carreteras empedradas, esta zona vuelve
a convertirse una vez más en zona de paso. La caída
del Imperio supuso una época oscura caracterizada por el
relativo abandono y la decadencia de los que habían sido
florecientes núcleos de población.
Esta época tardoantigua que enlaza con el medievo, vuelve
a definir estas tierras como de frontera. En la Alta Edad Media,
el Califato de Córdoba proclamó a Medinaceli como
capital de la Marca Media del Duero.
Si el valle sufrió los avatares guerreros de moros y cristianos,
un poco más tarde padecería las luchas entre Castilla
y Aragón.
Alfonso VII gana estas tierras para Castilla y más tarde
los Reyes Católicos otorgan la categoría de Ducado.